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¿Estás preparando ya tu economía para cuando te jubiles?

  • Writer: Ruben Cal
    Ruben Cal
  • Feb 23, 2021
  • 3 min read

Puede que tarde meses o años pero en España estamos abocados a una reforma de las pensiones que no debería demorarse. Una reforma que provocará cambios en las expectativas de la población activa, y en sus comportamientos.


Y aunque no tuviésemos esa reforma, nuestra actitud debería cambiar de todas las maneras, porque el modelo de pensiones de la segunda mitad del siglo pasado ha cambiado radicalmente desde hace ya tiempo.


Vivimos y trabajamos de otra forma pero nos queremos jubilar igual.


Frente a trabajos que se ejercían de por vida en la misma empresa, y jubilaciónes de apenas 15 años disfrutadas; hoy, se cambia varias veces de trabajo en el curso de una vida laboral que no es tan larga como antes, trabajo precario o por cuenta propia. Y aun así, se disfruta de más de 20 años de jubilación. 


Frente a opciones tan simples como una pensión de la Seguridad Social, una familia de apoyo y una vida adaptada a opciones locales, hoy tenemos opciones financieras y patrimonio para sobrellevar una vida inquieta y cosmopolita durante muchos años en jubilación, aunque nos falte el apoyo de una familia menos numerosa que la de nuestros padres.


En el futuro, muy probablemente, nuestros hijos vivirán 100 años o más, no poseerán activos y puede que ni tengan hijos. Tendrán a un clic de distancia herramientas que les permitirán ahorrar, combinar recursos para la planificación de toda su vida, para la jubilación, acumular, totalizar, redimir, aplicar sus recursos vitales a voluntad. Trabajarán siempre, o nunca, pero de otra forma, no como sus padres. Se jubilarán cuando quieran, o nunca.


El futuro se plantea radicalmente diferente y, sin embargo, si juzgáramos por las resistencias al cambio y la adaptación que se acumula, las empresas en las que trabajamos o en las instituciones que regulan nuestro futuro financiero, pareciese que todo sigue igual. Claro que tampoco aceptaríamos fácilmente una reforma de las pensiones que las rebajase o que no las actualizase con el coste de la vida. Ni una reforma que nos llevase a pagar más por nuestras pensiones futuras o que aumentase la edad a la que nos jubilaríamos en el futuro.


Sabemos que a diferencia de nuestros padres, tenemos por delante vidas mucho más largas. Lo vemos como una gran noticia, pues añade años de vida a nuestra etapa en jubilación. Pero cabe destacar que, desde hace años, todas esas ganancias en nuestra esperanza de vida se producen a edades no laborales. Edades en las que necesitamos pan, no edades en las que lo traemos bajo el brazo.


Precisamente este traer o necesitar pan es un detalle importante y la fastidiosa contrapartida de una mayor longevidad. Aquí radica, además, la clave del reto al que nos expone esta tendencia imparable.


¿Estás preparando ya tu economía para cuando te jubiles?


Sería deseable que nuestro sistema de pensiones públicas resolviese cuanto antes algunas de las disfunciones que el aumento de la esperanza de vida está provocando. Entre ellas, estabilizar sus ingresos y gastos, o corregir el balance entre cotizaciones del trabajador y sus pensiones, que está a favor de éste, al haber aumentado su esperanza de vida, o simplificar y potenciar las fórmulas que permiten compatibilizar la percepción de una pensión con la actividad laboral.


Cada vez más, las pensiones complementarias van a ser necesarias y hay que admitir que no hemos avanzado demasiado en España en este concepto. Desde 1987 tenemos un sistema normativizado de ahorro previsional complementario, pero, más de tres décadas después de su creación, apenas superamos el 8% del PIB en este tipo de activos.


La planificación financiera de calidad existe en España, pero el recurso de los potenciales usuarios a esta herramienta básica para la salud financiera es escaso, y muy inferior, por tanto, a lo que sería deseable. 


Preparar nuestra economía personal y doméstica para la jubilación debería ser un ejercicio que se inicia con el primer ingreso laboral o profesional. En el siglo pasado, lo iniciaban muchos abuelos cuando, nada más nacer, abrían una cartilla de ahorro a nuestro nombre.


Todo vale si el resultado es la acumulación de ahorro que, llegado el momento de la jubilación, pueda aportarnos recursos complementarios a los de la Seguridad Social. Porque, la Seguridad Social previsiblemente pagará pensiones, aunque no sean tan altas como nos gustaría. Conviene apuntar que con el sistema de pensiones actual, de media, a los 12 años de jubilados, la Seguridad Social ya ha devuelto todo lo que habíamos cotizado. Es lógico pensar que esta situación no se puede prolongar durante mucho más tiempo.


Corremos el riesgo de que la falta de adaptación de nuestros planes de ahorro, forzoso o voluntario a las nuevas condiciones vitales y productivas nos lleve a situaciones de precariedad financiera.

 
 
 

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